Grave denuncia en el Magdalena: grupos armados dominan la Ciénaga Grande y empujan a pescadores a una crisis humanitaria al no dejarlos trabajar
Kay-Mancito —
Grupos armados controlan la Ciénaga Grande de Santa Marta, impiden la pesca y han desatado una crisis humanitaria que deja robos, amenazas, homicidios y familias pasando hambre.
En la Ciénaga Grande de Santa Marta se impone hoy la ley de los hombres armados y no la de las autoridades. Nuestro equipo periodístico habló con pescadores de Pueblo Viejo, Sitio Nuevo y los palafitos que relatan cómo grupos ilegales patrullan los caños, delimitan zonas y deciden quién puede salir a faenar.
Control territorial y amenazas a la pesca
Los testimonios recogidos por El Pantano describen un control detallado: rutas prohibidas, sectores vedados y vigilancia constante en embarcaciones. Los pescadores aseguran que esa vigilancia se traduce en reglas impuestas bajo amenaza y en la práctica condiciona por completo su única fuente de ingresos.
"Nos dicen por dónde podemos ir y por dónde no. Si uno se mete en un sitio prohibido, corre el riesgo a no volver"
Además de las amenazas, las denuncias registran robos sistemáticos de redes, motores y canoas; en varios casos los tripulantes han recibido órdenes directas para transportar drogas en sus botes. "Si uno no acepta, lo matan. Y si no les pagas, tampoco te dejan trabajar", dice otro habitante de la zona, que pidió reserva de su identidad por seguridad.
La ecuación que describen los habitantes es contundente: obedecer o desaparecer. Las restricciones afectan lugares concretos como Caño de la Ahuyama, el kilómetro 13, Barra Vieja y zonas cercanas a la desembocadura del río Frío, donde pescadores relatan haber sido expulsados tras ser despojados.
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